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Con los ojos del amor

Imagina que tienes 11 años, estás terminando quinto de primaria en la escuela de la vereda, tienes un pequeño grupo de amigos que te aceptan tal como eres, juegas y ríes en la normalidad de tu vida, al calor de mamá, papá y cinco hermanos, pero hay algo que te preocupa: la escuela de la vereda no tiene secundaria y tendrás que ir a estudiar al pueblo, te enfrentarás a un nuevo lugar con más estudiantes, niños y niñas que no te conocen y que probablemente, no te acepten por tu condición: perdiste el ojo derecho a causa de un accidente cuando tenías seis años… Si la vida de una persona adulta con alguna condición física diferente es difícil, debido a los señalamientos o burlas que pueda recibir de los demás, ¿te imaginas la vida de un niño?

 

Esa era la realidad de Yorlan, hermano de Valentina, una joven beneficiaria de uno de nuestros programas y a quien estamos apoyando a cumplir su sueño de estudiar psicología.

 

A Yorlan lo conocimos en noviembre del 2021, en una reunión de familias que realizamos desde la Fundación; su sonrisa dulce nos cautivó, también nos llamó la atención la timidez y la manera de ocultar el lado derecho de su rostro cubierto por el cabello lacio que se escurría hasta la mejilla. Allí nos enteramos de su condición y por boca de Valentina, escuchamos el relato de la tragedia cuando a los seis años descubriendo el mundo, se puso a jugar con una plancha inservible y de esta, saltó el objeto que le cambió la vida.       

 

Esta historia nos conmovió y nos hizo emprender la marcha para darle a Yorlan la oportunidad de asumir la vida con la frente en alto y una nueva mirada. Comenzamos a tocar puertas y por medio de un médico amigo, llegamos al consultorio de la doctora Margarita Rosa Caicedo Zapata, especialista en anaplastología (esta una parte de la medicina que se ocupa de la rehabilitación, mediante prótesis anatómicamente realistas, de cualquier parte de la cara o del cuerpo que hayan sido dañados o desfigurados). Le contamos la historia de Yorlan y sin dudarlo, aceptó ayudarlo.

 

Ya habíamos encontrado el primer ángel en nuestra misión: la dra. Caicedo; tocamos puertas para recolectar los recursos para costes médicos y traslados desde la vereda hasta la ciudad de Cali, y aparecieron más ángeles, un donante sueco y el escritor Víctor Diusabá Rojas, quien compartió esta historia en su columna de El País: clic aquí para ver el artículo; y fue el impulso para conseguir más apoyo. 

 

Y así con todo nuestro esfuerzo y amor, luego de tres consultas, en el mes de enero del 2022 Yorlan pudo tener su prótesis, sus gafas formuladas y un acompañamiento permanente que le han permitido hasta la fecha, tener una vida normal y disfrutar de la nueva escuela y compañeros de clases.

 

Historias como éstas nos motivan a seguir trabajando por el bienestar de nuestra infancia y adolescencia, porque estamos convencidos que, cuando le ponemos el corazón a lo que hacemos, siempre surge la magia, ¡los milagros llegan!